lunes, 24 de diciembre de 2012

SALMO 32 "EL BIENAVENTURADO"

El rey David es el autor del Salmo 32, y dice en sus primeros párrafos, “Bienaventurado aquel cuya trasgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado, bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño” Si pudiéramos clasificar esta parte del salterio, lo etiquetaríamos como de “bienaventuranza” normalmente el pueblo de Israel lo cantaba en el día de expiación, fecha específica en que el sumo sacerdote tenía acceso al “lugar santísimo” recinto ubicado en el tabernáculo más allá del velo.  En ese lugar podía entrar solamente una vez al año, allí debía ofrecer el sacrificio de expiación por sus propios pecados y por las de todo el pueblo, era algo así como arreglar las cuentas con Dios, por el andar de un año, y comenzar una nueva página. Cabe resaltar que las palabras de este salmo se inician con la expresión “bienaventurado” que se repite por lo menos dos veces, es una palabra escrita en hebreo, y cuyo equivalente en castellano de nuestros días sería “feliz” “dichoso”. La curiosidad me ha llevado a investigar acerca de la persona a quien el salmista consideraba como extremadamente dichosa.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Echa tu pan sobre las aguas

El libro de Eclesiastés ha sido escrito por el rey Salomón, y en uno de sus párrafos dice: “echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás”. Era evidente que el dueño de estas palabras, era un conocedor de las experiencias cotidianas de la vida, era un agudo observador. El mar de galilea, era un lugar predilecto para el trabajo de la pesca, pasando largas horas en esa sacrificada tarea, utilizaban para su propio alimento, los peces que sacaban acompañado de un trozo de pan. Era común que arrojaran al mar el pedazo sobrante. Solo un observador minucioso podría percatarse que ese alimento arrojado a la distancia, pasado el tiempo de la noche, con el primer brillo de los rayos del sol, se lo podría ver a un trozo de pan, jugueteando con las olas, cerca de la orilla. El viento y las corrientes marinas hacían una parte de la tarea, y el pasar de las horas, se ocupaba del resto. Este hecho tan natural ha sido utilizado por Salomón para ilustrar una verdad que no se puede soslayar. “Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete, y aun a ocho; porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra” esta parte de su escrito simplemente repite lo que Dios había ordenado a su pueblo, que partas tu pan con el hambriento, porque es el mejor sacrificio que se puede presentar al cielo.

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