martes, 9 de agosto de 2011

CERRANDO CAPITULOS DE LA VIDA

Rut 4:1 Booz subió a la puerta y allí se sentó, y cuando el pariente más cercano de quien Booz había hablado iba pasando, le dijo: "Oye, amigo, ven acá y siéntate." Y él vino y se sentó.
El lugar más adecuado para vivir y analizar esta instancia de nuestra lectura, es justamente “la puerta”, no una cualquiera, sino la entrada principal de una ciudad. Se acuerdan de aquel coro que entonábamos en nuestra niñez, una sola puerta hay, mas son sus lados dos, adentro y afuera de cual lado estas. Un coro con palabras tan sencillas, pero con un mensaje tan profundo. Bueno, algo de eso tiene nuestro pasaje, porque efectivamente, es allí en la puerta de una ciudad, donde sucedían las cosas más importantes del día. Posiblemente la única abertura en ese “muro de protección de la ciudad”, el sitio en que sesionaba el tribunal y donde se ventilaban los asuntos públicos. Jerónimo, el historiador, señala que "los jueces se sentaban en las puertas para que la gente del campo no se viese obligada a entrar en las ciudades y sufrir perjuicio en ellas. Excavaciones posteriores a la época, revelaron que las ciudades tenían puertas con algunos espacios, para que la gente se reuniera y condujera sus negocios, sus actividades comerciales del día. Evidentemente era el punto neurálgico de la misma. Por lo tanto no sería muy difícil encontrar a los ancianos allí, y llamarlos como testigos de algún asunto.
Dice nuestro pasaje, que “Booz Subió a la puerta y se sentó allí”, uno de los personajes de nuestra historia, tenía algo importante que decidir en ese día, así que, “dejo de lado” todo cuanto tenía y se propuso tratar exclusivamente ese punto. El escritor de nuestro relato, al describir el “acto” realizado por Booz, utiliza dos expresiones que llamó mi atención, “sube” y “se sienta”. Libros de consulta que analizan el idioma en que se escribiera el texto, informa que estos verbos, están escritos en un tiempo verbal característico del lenguaje, y representa un evento perfectivo o terminado. Indicando que ese acto concluía “allí”, fue utilizado para indicar que esa acción tenía como final “ese momento”. Para Booz, el único propósito de su vida en ese instante, era estar allí donde el subió, es decir (no estaba de paso) como el otro pariente.
Es que se iban a tomar decisiones demasiado importantes, para hacerlo de otra manera. Y confirma lo que lo que los libros de consulta dicen, al respecto de ese tiempo verbal, porque la frase termina con, “se sentó allí”. El vocablo indica la determinación de concluir un asunto en ese día, y en ese lugar.

CERRANDO CAPITULOS DE LA VIDA

Existen situaciones en la vida cotidiana, que permiten tomar decisiones, cuyos resultados, o producto, no alteran en forma sustancial el rumbo de nuestra existencia, simplemente por postergar o dilatar el momento de decidir. Por ejemplo. Sé que debo corregir mi dieta, pero lo puedo hacer a partir de hoy o mañana, o en el curso de este año.
Sé que debo comenzar con un programa de ejercicios físicos, porque no es saludable la vida sedentaria, lo puedo hacer ahora, o comenzar en 3 meses. Sé que necesito incorporar otro idioma a mi formación, puedo iniciar el curso este año o el próximo. Pero si estoy cursando con una infección que merezca el uso de antibiótico, no puedo tomarme el tiempo de decidir, mañana, o la próxima semana sin que esto tenga una consecuencia para mí y tal vez grave. Pero puedo demorar un poco más en decidir qué carrera voy a elegir para continuar mi formación. De todos modos, cuando actúo de esta forma, corro el riesgo de que al dejar transcurrir el tiempo sin tomar una determinación, puede suceder que termine no estudiando nada. En nuestro pasaje, el tema que iba a definirse, era no solo un aspecto de recuperación de tierra o bienes, sino de un cambio en el estado civil de dos personas, una de las decisiones importantes de la vida, en la cual, es preferible no equivocarse, y tampoco postergar más allá de lo recomendable. Y lo que se puede notar en nuestra lectura, es que en nada parece que alguien estuviere urgiendo a Booz tomar una decisión, no era Ruth que lo empujaba, mucho menos Noemí. Veo a un hombre sabio, que había tomado la determinación, de no dejar “cabos sueltos” en su vida.

Aunque parezca de relativa importancia este tema, quiero resaltar que en algunas aéreas de nuestra vida, cuando tenemos situaciones no concluidas, cuando dejamos capítulos de nuestra existencia sin cerrarlos. Tiene impacto en nosotros, a mediano o largo plazo. Conozco jóvenes que por tardar mucho en escoger una carrera, no teniendo dificultad económica o intelectual para proseguir su formación, van postergando una y otra vez, hasta que les resulta cómodo no decidir y terminan sin acceder a una etapa superior de formación. O comienzan una carrera de 4 o 6 años, y no terminan nunca de cerrar ese capítulo, siguen siendo estudiantes universitarios por 12 o 14 años. Están aquellos, a quienes esta actitud se les manifiesta en su madurez cronológica. Ya son adultos mayores, pero siguen teniendo comportamiento de la etapa anterior, de adolescentes o jóvenes. No concluir una actividad o una etapa de la vida, nos afecta emocionalmente. Y Estas indecisiones, se transfiere al ámbito espiritual. Porque actuamos de la mima forma. Se toma la determinación de recibir a Cristo para salvación, pero no deciden obedecer en forma, no se bautizan, no se comprometen, no permiten el Señorío de Cristo en sus vidas, están con un pie adentro y el otro fuera. Fíjense lo que el profeta Elías reclamó al Pueblo, “hasta cuando claudicaréis entre dos pensamientos”, si Jehová es Dios seguidle, y si Baal, id en pos de él.

Vs.1 “Booz subió a la puerta y se sentó allí”. Era el momento de realizar un cambio en su estado civil, una decisión que iba a cambiar radicalmente toda su situación como persona, algo que no se puede dilatar por mucho tiempo cuando llega el momento. Y Booz decide que ese día no iba a concluir, sin una definición.

Miremos al otro pariente, el “No tenía intenciones de quedarse en la puerta”, el iba de paso, el verbo que describe ese acto del “pasar del pariente”, indica un tiempo que manifiesta no conclusión. Para él era lo mismo, pasar, subir, sentarse, levantarse e irse. Cuando nada nos ata en la vida, habitualmente es cuando somos inclinados a tener un comportamiento similar, entonces se vive de acuerdo a los sucesos diarios, nos adaptamos a los acontecimientos, y no procuramos ocasionar ningún cambio en ellos. Porque no tenemos objetivos claros, esta forma de vivir, influye poderosamente en nuestro estado de ánimo del día. Le sucedió a Esaú, para él, era lo mismo ser primogénito como no serlo, tuvo hambre en ese momento, y vendió su primogenitura por un plato de lentejas. Jesús vio que la generación en la que Él estaba viviendo, muchas personas se conducían en esa dirección, el de no comprometerse mucho, tratar de vivir lo más fácil posible. (Mateo 11:16) Jesús dijo, a qué compararé esta generación, es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros diciendo: “os tocamos flauta y no bailasteis, os endechamos y no lamentasteis”. “una generación indecisa” no saben lo que quieren, o viven la vida sin tomar decisiones. Con personas así, no se puede conformar un ejército y ganar una guerra, con pensamientos de este tipo, no se puede formar un frente de batalla en lo espiritual, y luchar por el nombre de Cristo.

Le sucedió a este pariente cercano, le era lo mismo redimir o no redimir, y así se pierde la oportunidad de ser protagonista en el proceso más importante de la historia de la humanidad. Formar parte de la línea de la aparición del redentor del mundo.

“Lo que el viento se llevo”, una novela norteamericana que llega a la pantalla grande. Si bien, el argumento trata de una familia que luego de la guerra interna de los EEUU, en la etapa de postguerra, el hambre, la miseria, la necesidad, hizo que la personaje de la aventura, una niña frívola, malcriada y algo ingenua de principios de la novela, tuviera que madurar a la fuerza, para convertirse en una mujer implacable, dispuesta a todo para salvar a su familia del hambre. El viento lleva lo que tenía, la deja en la miseria y le obliga a madurar. Lo que el viento se llevó, a muchos les ocurre al revés, lo que el viento se lleva, justamente es su madurez, o su sensatez, y se pierde la oportunidad de su vida. Si no tomamos compromisos, nunca vamos a madurar.



Seguidores