viernes, 24 de junio de 2016

Ave Fénix ¿una vida indestructible?


El Ave Fénix según lo describe el mito, es un enorme pájaro de plumaje rojo anaranjado, semejante a las llamas de fuego; un ser mágico y fabuloso que ha sido retratado en las diversas mitologías. Algunos creen que se trata de una leyenda Hindú, otros más osados lo señalan como el único animal del Edén que ha resistido la tentación, que lo convierte en un ser eterno.
Por las características del ave, uno debe pensar que se trata de una especie exótica, única en el mundo, posiblemente del género de las aves de presa, con un gran parecido al águila, aunque de plumaje más hermoso y pintoresco. Y que según creencia, su cantar es lo más melodioso de la creación. Sin embargo, su prestigio no procede de su cantico, sino de su vida indestructible. El ave Fénix cuando envejece y se acerca el tiempo de su partida, se toma el trabajo de preparar un nuevo nido, y lo hace con fibras de madera muy selecta, maderas nobles y aromáticas.
Con mucho esmero y paciencia acomoda su nueva morada, no para descansar o procrearse, sino para pasar por un proceso de renovación. Terminada su tarea de armar su refugio, entona una canción diferente, algo semejante a una canción fúnebre; a la vez que comienza a agitar con intensidad sus alas, al punto que de su propio interior nace un destello de llamas, una chispa con la que inicia el proceso de combustión, hasta que todo queda reducido a cenizas. Pasado los días, del despojo acomodado en el nido, surge un nuevo ave Fénix, para vivir otro ciclo de vida. Quizás el mito tenga origen en el hecho de que el águila, muda su plumaje periódicamente, por eso luce siempre un aspecto rejuvenecido. Otros piensan que simplemente es una crónica del recorrido del sol, que al atardecer muere en el horizonte, pero que renace nuevamente cada mañana en el oriente para sumirse de nuevo en la lejanía. El salmo 103 hace también referencia a un ave, no al ave Fénix que es un mito, sino al águila. Y dice este Salmo: “bendice alma mía a Jehová y bendiga todo mi ser su santo nombre, bendice alma mía a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios, él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias, el que sacia de bien tu boca de modo que rejuvenezcas como el águila”. No queda dudas de que el salmista, se refería a la comunión diaria con Dios. Todo aquel que dispone su alma a la adoración, todo aquel que busca agradar a Dios, todo aquel que se acerque al Altísimo a través del camino abierto que es Cristo Jesús, no puede salir de su presencia, en las mismas condiciones en que entró. Sale con el perdón de sus pecados, porque Él es el único que puede perdonar nuestras iniquidades. El estar cerca de Dios, genera en nosotros un proceso de salud, sanando todas nuestras dolencias, y con su mano poderosa, levanta al caído que se encuentra en lo más profundo del hoyo de la desesperación. Quien se allegue a Él, será desbordado de favores y misericordias. El alma que experimenta el perdón de Dios, siente en su interior que su corazón rejuvenece como el águila. Mi amable lector, solamente Dios puede dar nuevas fuerzas, porque solo él puede darnos una nueva vida en Cristo Jesús. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no se pierda, mas tenga vida eterna. Caminemos este día tomados de la mano de Dios.
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