jueves, 9 de julio de 2009

El suicidio (click para ver todo)

La carta a los Romanos en el cap. 14 dice lo siguiente: porque ninguno de vosotros vive para sí y ninguno muere para sí, pues si vivimos para el Señor vivimos y si morimos para el Señor morimos, sea pues que vivamos o que muramos del Señor somos. Cuando el conocido caudillo de un país ubicado en el corazón mismo de Europa estaba en su apogeo, en uno de sus discursos públicos había dicho lo siguiente: dadme 5 años y no reconoceréis mas esta nación; tanto su pueblo como la vida misma le concedieron esos 5 años que él había solicitado; y tal como había prometido, al final de esos 5 años no solo su país se encontraba irreconocible, sino el mundo entero; millares de personas padeciendo hambre, viviendo en la miseria, eran las consecuencias de un enfrentamiento bélico sin sentido, y la terrible sensación de desamparo que se estaba viviendo por la cantidad de hogares enlutados a causa de la desaparición de sus seres queridos, consumidos en aquella inolvidable segunda guerra mundial. Finalmente uno de los responsables de tan descabellado enfrentamiento, para escapar de la justicia humana según el informe de inteligencia militar, se había quitado la vida. La culminación de esta trágica historia, me trae a la memoria otro final muy parecido, solo que esto había sucedido hace mas de 2 mil años, el protagonista se llamaba Judas Iscariote; este personaje a diferencia del reciente relato, no había pedido 5 años para cambiar la historia la humanidad, el solo había reclamado 30 piezas de plata con lo cual pensaba cambiar la suerte de su propia vida; pensaba convertirse en un hombre rico, creía que con la abundancia de dinero sus problemas iban a terminar. Su gran error fue que no había calculado la perdida que el mismo estaba sufriendo. El pensó que se trataba de un maestro mas, y no entendió que era el Hijo de Dios, creyó que era una cuestión de religión, y no comprendió que era la única salvación para él. Había solicitado 30 piezas de plata, valor que puso al autor de la vida. Cuando Judas entendió que Pilato estaba condenando a Jesús, para ser muerto en una cruz recapacitó en su acción, y tuvo un gran remordimiento de conciencia. Sus manos habían entregado a un hombre justo; él había traicionado a su propio maestro, sus 11 compañeros lo miraban no solo extrañados sino también indignados por su actitud, y como queriendo escapar de su propia conciencia y posiblemente pretendiendo escapar de la justicia Divina, fue a un lugar solitario y allí se ahorcó, se quitó la vida. Y mis amigos, el suicidio absolutamente no es un escape para nada, el suicidio no es una salida para los remordimientos, tampoco es un escape para las crisis familiares y mucho menos para eludir la justicia de Dios, al contrario, esto lo precipita, porque está establecido a los hombres que mueran una sola vez y después de esto el juicio. La muerte nos enfrenta directamente con el Creador ante quien debemos dar cuentas. Además el suicido nunca puede ser una buena salida, porque ni la vida ni la muerte están en las manos del hombre sino de Dios. Dice nuestro pasaje de hoy: “ninguno vive para sí y ninguno muere para sí, pues si vivimos para el Señor vivimos y si morimos para el Señor morimos”. Por tanto mientras haya vida, es necesario arreglar las cuentas con Dios; y te invito en esta hora a hacerlo. Ven a Cristo, hoy el te ofrece el perdón de tus pecados, te ofrece la vida, te ofrece la salvación, pues él dijo: el que en mi cree no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. Caminemos este día tomados de la mano de Dios.

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