lunes, 8 de junio de 2009

Tragedia ferroviaria (click...)



Hace algunos años en tierra de los galos, el reloj marcaba que estaban llegando cerca de la media noche, era un 31 de agosto cuando el tren de pasajeros con placa 1.115 estaba abandonando el andén de la estación de París con destino a la ciudad portuaria de Port Bou. Estaba repleto de pasajeros, una gran mayoría eran familias que volvían de sus vacaciones. Llegada la media noche, un grupo de pasajeros se disponía para dormir, sabían que les queda poco para iniciar nuevamente una larga jornada laboral. Cuando llegaron a la zona de la estación de Argenton, la velocidad del tren era de unos 100 Km por hora, y no se habían percatado que esto era un grave error. La distracción del maquinista hizo que pasara por alto un cartel que decía: Reduzca la velocidad, vías en reparación, velocidad máxima permitida 30 km por hora. Cuando el conductor se percató del error, era demasiado tarde. El tren ya había descarrilado ocasionando uno de los peores accidentes de Francia que costó la vida a más de 49 personas. Toda Francia se encontraba enlutada, estaba viviendo uno de sus peores momentos de la historia ferroviaria. Mis amigos cuando por descuido se transita a velocidades no permitidas donde recomiendan aminorar la marcha, Lo único que podemos esperar es que sucedan cosas que ocasionen dolor y tristeza, que ocurran accidentes como el que acabamos de relatar. Lo mismo sucede en nuestro andar diario, y principalmente con la vida espiritual. El mundo de hoy exige desplazarnos a alta velocidad, el tiempo es oro y por lo tanto debemos aprovechar, hay tantas cosas por hacer que ya no tenemos tiempo de atender, y mucho menos leer con claridad los carteles de advertencia que a veces nuestro propio organismo nos pide que bajemos el ritmo de vida. Hay personas que Pasan por alto las señales de alarma de su familia, ellos reclaman que se reduzca la velocidad. La mente muchas veces da muestra. A veces son carteles de advertencia del alma, que claman por unos minutos de atención, una pausa, un poco de refrigerio para el corazón. Conozco personas que han detenido sus pasos, o han disminuido el ritmo solo después de haber sufrido un golpe en la vida. La pérdida de un hijo, el deterioro de sus relaciones matrimoniales, el quebranto de su propia salud. No son pocos los que al llegar a una situación así, descubren que han perdido lo que más querían en este mundo y piensan en quitarse la vida. Mis amigos dice Dios en su Palabra: Paraos en los caminos y mirad y preguntad por las sendas antiguas cual sea el buen camino y andad por él y hallareis descanso para vuestra alma. La Biblia nos advierte que debemos hacer un alto en la huella, debemos detener los pasos para analizar el camino. Si tu vida hasta aquí ha sido tan solamente la prosecución de bienes materiales, si has gastado tu existencia solo en compromisos de negocios, o tal vez en los placeres de este mundo. Hoy te invito a disminuir tu marcha, e inclusive a detener tus pasos. Para esta alocada carrera que te está llevando a la destrucción no solo de tu familia sino de tu propia vida. Y piensa en tu alma, eso que llevas adentro y que es eterno. El alma no se alimenta con bienes materiales ni con los placeres de este mundo. El alma se alimenta de las cosas eternas. Jesús dijo. No solo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Pon atención a estas palabras y dedica unos minutos para estar a solas con Dios. Pídele perdón por tus pecados Y deja que Jesucristo entre en tu corazón. Caminemos este día tomados de la mano de Dios.

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