lunes, 8 de junio de 2009

La ciencia y el hombre (click...)



Roberto Cotte uno de los hombres más sabios de épocas pasadas había dicho que nunca jamás por ningún medio se podría determinar la composición química de los astros. Hoy día los niños de nivel básico saben que dicha afirmación ya no es verdad, pues las modernas sondas espaciales pudieron traer hasta nuestro planeta pedazos de rocas tomadas del mismo suelo lunar y se los pudo analizar. Lo mismo había sucedido con aquella afirmación de que la tierra era plana, cuando el telescopio del hombre pudo contemplar el horizonte, descubrió que el mundo a cierta distancia comenzaba a esconderse de su mirada, entonces comprendió que todo aquello tampoco era verdad. Cuando un enviado del famoso Edison se presentó en la academia de ciencia de parís para exhibir uno de los primeros fonógrafos, un miembro de aquella afamada academia se abalanzó sobre el expositor acusándole de querer engañar a los sabios con juegos infantiles de ventrilocuismo. Esa misma escuela fue la que se había opuesto a la vacuna contra la viruela y a la efectividad de los pararrayos. Y podríamos seguir nombrando muchas otras situaciones en que la ciencia de épocas pasadas, había manifestado sus tremendas deficiencias, y en muchos casos verdaderos errores garrafales. En este tiempo ya no resulta raro escuchar que teorías muy sonadas de décadas atrás hoy sean insostenibles por ser sencillamente falsas. Esto hecho solo demuestra que nuestro universo es realmente misterioso y por sobre todo maravilloso, maravilloso en sus dos infinitos, infinito en su grandeza, por eso es difícil llegar a comprenderlo en su total dimensión, y es infinito en lo pequeño, por eso no es tan sencillo descubrir y comprender cabalmente su unidad esencial. Pues el hombre puede observar hasta el límite su poderoso telescopio, y analizar las estructuras más pequeñas hasta el límite que le imponga su término de su sofisticado microscopio, pero a pesar de todas sus limitaciones, a pesar de que sus aparatos manifiesten restricciones, pudo llegar a descubrir un universo dentro de otro universo como es el átomo. Como el insondable espacio celeste, así el microscópico mundo del átomo nos provee la información de lo que ha sido las manos de su creador. Dice el salmo 19, los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos, un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría, no hay lenguaje, ni palabras ni es oída su voz, por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras. Mi amable escucha te invito elevar tus ojos al cielo, y considerar la maravilla de este firmamento, te invito a tener ojos para contemplar al creador antes que a sus obras, e inclinar tu corazón ante su presencia para adorarle a él, antes que adorar a su creación. Te invito a buscarle de todo corazón, buscarle a él antes de buscar ninguna otra cosa en este mundo. El buscarle a Dios es una manifestación de sabiduría. El principio de la sabiduría es el temor de Dios. El comienzo de toda sabiduría es conocerle como Señor, como Salvador, como el amigo más cercano. La Biblia nos enseña que en él está la vida, en Jesucristo. Recíbele en tu corazón, y comunica a todos que hoy has descubierto algo nuevo para ti. Que Dios es el creador de todas las cosas, y Que ese Dios te ama a pesar de ser un pecador, y que te ha perdonado de todos tus pecados en Cristo Jesús. Caminemos este día tomados de la mano de Dios.

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