lunes, 8 de junio de 2009

Fuente de agua Viva (click...)


En el libro de Tesalonicenses, una carta escrita por el apóstol Pablo, dice lo siguiente: y el mismo Dios de paz os santifique por completo y todo vuestro ser. Espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. la Biblia nos enseña que el hombre ha sido formado de 3 partes integrales. El hombre es un ser tripartito. Cuerpo alma y espíritu. Hablar del cuerpo no tiene mucho misterio porque es la parte visible del ser humano. Se puede ver en el rostro de cada uno el semblante y las facciones de nuestros progenitores. Por eso se escucha decir, este chico se parece al padre, o esta niña es la copia fiel de la madre. Porque la parte visible de nosotros, conserva los detalles, de quienes nos han traído al mundo. Pero cuando hablamos del aspecto invisible del hombre, cuando hacemos referencia al alma y al espíritu, ya las cosas cambian un poco. Sabido es que el alma es el asiento de nuestras emociones. Es allí donde se genera la voluntad. Es el asiento de nuestra conciencia. El alma, la parte del hombre que no se ve, y el espíritu, que también es invisible, es la parte que nos relaciona con Dios. El alma viviente es el soplo de vida que nos ha dado el creador. El espíritu nos comunica con quien nos creó, el único inconveniente es que cuando el primer hombre pecó, esta comunicación, esta relación con el creador ha sido rota. Se ha cumplido lo que dijo Dios a los primeros padres. El día que de él comieres morirás. Y fue así. Con la desobediencia de Adán se produjo la muerte espiritual de Adán y con el de toda su descendencia. Por eso dijo Jesús en cierta ocasión. Deja que los muertos entierren a sus muertos pero tu ven y sígueme. Es decir que el hombre puede seguir vivo en el cuerpo mientras el alma esté con vida, pero el espíritu solo da señales de muerte separados de Dios. Es como los manantiales que descienden de las montañas. Brotan inconteniblemente formando un caudal enorme, hasta que un día alguien decide poner un estorbo en el camino, llena de piedras en el lecho del arroyo, el agua se remansa formando un dique, hasta que se desborda, y se derrama desviando la corriente hacia otras tierras. Uno levanta la mirada y Ve por delante que solo queda el lecho de un arroyo. Pero es un lecho seco, sin agua, si frescura, sin vida. Todo lo que venga después del dique será simplemente un arroyo muerto porque ha perdido su contacto con la fuente. Mis amigos esto mismo sucede con la vida del hombre cuando vive lejos de Dios. Su cuerpo tiene calor. Corre sangre por sus venas, sus pulmones se llenan de aire al respirar. Su alma da señales de vida porque tiene voluntad. Tiene emociones tiene intelecto. Pero su espíritu es como aquel lecho arroyo seco. ha perdido contacto con la fuente, la fuente de vida que es el Espíritu de Dios. Dijo Jesús, De su interior correrán ríos de agua viva dando a entender la obra del Espíritu Santo de Dios. Y ese espíritu de vida es también espíritu de paz, de felicidad. Dice Dios en su palabra. Dos males hizo mi pueblo, me dejaron a mi fuente de agua viva y cavaron para sí cisternas rotas que no pueden retener agua. Por ello mi amable escucha debes volver a la fuente de vida. Debes volver a Dios. Debes dejar tu vida de pecado. Pedir perdón a Dios por haberlos cometido. Dejar que la sangre de Jesucristo te limpie por completo y podrás experimentar lo que nos enseña en la palabra de Dios. De tu interior correrán ríos de agua viva. La presencia de Dios en tu vida será como una fuente que salte para vida eterna. Caminemos este día tomados de la mano de Dios.

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